lunes, 28 de enero de 2008

[Sin título]- I

I

Siempreverde en esos tiempos era un pueblucho desconocido erigido en el Valle de Lüdverbeich, en honor a un explorador desconocido que descubrió aquella zona después de dos décadas de incansable exploración. Dice la leyenda que en el Viejo Mundo existía un pequeño reinado adyacente a Polonia que contra todo pronóstico logró mantenerse independiente de Alemania por dos siglos, hasta que la catastrófica Guerra Civil acabó con toda la población de Grekeria, siendo el territorio anexado a Alemania. Grekeria era un reino ambicioso que soñaba con la expansión mediante colonias siguiendo el ejemplo de reinados tales como España, Portugal e Inglaterra. En ese entonces el rey destinó una gran cantidad de fondos a la exploración con la ordenanza real de descubrir una isla en menos de veinte años y asentar una colonia allí, quien fallara en el propósito sería ejecutado por traición. Siete hombres con sus respectivas comitivas se ofrecieron a comenzar aquella descomunal empresa. Lo poco que se ha podido recobrar de las ruinas de aquella nación fue escrito por un francés errante que llegó a esa ciudad, aprendió el lenguaje de la gente y se dedicó a registrar la historia de aquél pueblo, él murió antes de volver a su país y la gran mayoría de los escritos se perdieron en la Guerra Civil. Esos escritos no dan más datos excepto que uno de aquellos siete exploradores había logrado llegar a un valle deshabitado, después de perder a la mitad de su comitiva, estar rotundamente perdido sin ayuda de una brújula u astrolabio y enfermo de escorbuto; que se dedicó a explorar el lugar. Luego de un par de horas llego a la conclusión de que efectivamente había descubierto una isla en alguna parte del mundo, plantó la bandera de su patria y gritó “¡Lüdverbeich!”, colapsando en el suelo, hundiéndose en el plácido sueño de la autorrealización, para nunca más despertar. Aquél explorador anónimo murió así en paz luego de diecisiete años, siete meses, siete días y siete horas de búsqueda, sus acompañantes pronto intentaron emprender el camino de regreso sin saber por dónde se regresaba, no teniendo más opción que cruzar el bosque que embellecía aquella isla, para sorpresa y desilusión de ellos, inmediatamente después de él encontraron una villa, fue así como descubrieron que esa isla no era una isla sino una península ínfima dentro del Viejo Mundo, y que aquella zona no era tierra de nadie sino tierra del Rey. Desalentados como nadie emprendieron tristemente el camino a casa, sin embargo, antes de que llegaran el Rey sintió compasión y cedió ese pequeño espacio a los grekerianos en recompensa de su esfuerzo, a cambio de un poco de madera y textiles, la especialidad del reino. El rey de Grekeria, al oír tales desventuras decidió nombrar a la zona el Valle de Lüdverbeich en honor a la exclamación del desconocido pionero, declarado héroe nacional. Nadie sabe qué significa aquella expresión, ya que la lengua murió junto a su gente después de la Guerra Civil que enfrentó literalmente a una mitad del pueblo liderada por el Rey junto a otra mitad liderada por la Reina, la Guerra dejó como vencedores a una malograda Reina que se desangró en la última batalla, luego vino la catástrofe de la Peste Negra que destruyó a la población restante, que ansiaba la estabilidad política luego del altercado de proporciones meteóricas. Se asume que equivale al “Eureka” de Arquímedes. Tiempo después llegó un tal Zacarías Santoro, un comerciante español con ansias de fundar su propio pueblo, llegó al Valle de Lüdverbeich, ahora en posesión de España luego de la autodestrucción de Grekeria y decidió instalar su pueblucho allí, a las orillas de un pequeño monte de unos dos mil metros sobre el nivel del mar y de un lago enorme y majestuoso, le puso Siempreverde y sentó cabeza junto a su esposa, sus siete hijos, amigos cercanos y otros curiosos errantes que se unieron en la travesía.

sábado, 26 de enero de 2008

Garfield...


Definitivamente mi ídolo, mi modelo a seguir.

[Sin título]-Prólogo

[Bueno este es un cuento que llevo escribiendo desde hace bastante tiempo ya...bueno en realidad ha sido como 1 mes y en escribir tal cual he pasado como 4 horas xD...está separado en partes o "capítulos" porque me dio la gana y creo que le da cierto estilo...pensaba terminarlo antes y ponerle título pero al ritmo que voy estoy captando que no lo voy a terminar nunca xDDD. Enjoy]

[Nota del 2019: Efectivamente nunca lo terminé. Menos xD más UwU]

Prólogo
- Si fuera un fantasma, no me vendría a meter acá.
- ¿Por qué no? Si este lugar es hermoso.
- Por eso mismo.
Ana miró a Damián por un instante, se iba a enojar con él pero recordó que él no era lugareño, por tanto no conocía la famosa historia del Violinista Errante.
- Además él no es un fantasma, es un espíritu – dijo Ana.
- Son la misma cosa.
- No porque los fantasmas son almas en pena, éste es un espíritu – replicó la joven.
- Entonces… ¿No tiene penas? - Preguntó dubitativo el joven extranjero.
Llegaron a la cima del monte, se veían las luces de Siempreverde a lo lejos, sin embargo no obstruían la vista del cielo, hermosamente estrellado, pero en ese instante y en ese lugar, los astros no eran más que simples perlas que magnificaban a la ya magnífica Luna; omnipotente, hermosa y blanca como ninguna. Ana sintió la cálida brisa de esa noche de verano acariciar su rostro, su torso, su piernas, aliviándole todas las penas y dolores habidos y por haber; ella se sentó lentamente en el pasto con armonía absoluta y miró con esos hipnotizantes ojos del color del ámbar a su amado.
- ¿No ves? Este lugar es hermoso- le dijo con una sonrisa que le atravesó el corazón.
Damián miró a esa mujer, con un aura etérea que la embellecía hasta igualarla con la hermosura de aquella enorme esfera de plata que los iluminaba, realmente en ese momento el se sintió desfallecer ante esa imagen de perfección y, con el corazón hinchado de tanto amor y regocijo, se sentó a su lado.
- Pero no más que tú, mi amor.
- Cállate, que ya viene - dijo con una risita la joven.
Y antes de que pudiera pronunciar palabra, ella le besó la boca y la tapó con su índice luego de tal acto de amor. Damián, perplejo, no halló nada mejor que callar y esperar.
Sopló una brisa fuerte como un huracán y gentil como la seda que, para el asombro del extranjero y placer de la nativa, acarreaba consigo una melodía más despacio que el sonido que producían las hojas en los árboles al mecerse con el viento y que, no obstante, conocía muy bien su camino, llegando directamente al tímpano, para rodear a todo organismo que hallara en su ruta hacia el infinito con su cuerpo, lleno de emociones y memorias. El joven quedó paralizado ante tal melodía, llegando a creer que era un estupefaciente de los más potentes.
No estaba del todo equivocado, después de todo.
Mientras soplaba el aire, él sintió como todos sus sentidos eran dominados sin resistencia alguna por ese conjunto de notas. Primero fue el olfato, gobernados por el olor a jazmín; le siguió el gusto, con su boca que parecía bañada en amaretto; luego cedió el tacto, con la piel enrollada en un líquido placentero inexistente; acto seguido sucumbió la vista, teniendo visiones de la luna, un violín, unos labios, una sonrisa, un beso.
- ¿Qué sucede?
- Es la Serenata a Nadia.
- No comprendo.
- Pronto lo harás.
- ¿Por qué tanto enigma?
- Porque yo no tengo ninguna forma de explicarte lo que pasa, eso lo tendrás que aprender tú – Dijo Ana – Sostén mi mano, te amo.
- Yo también, pero debo decirte que no pensaba que consumieras una droga tan fuerte, o que consumieras en absoluto – bromeó Damián.
- El amor es la droga más fuerte - dijo Ana.
Damián apenas logro discernir lo que su novia le dijo, puesto que su conciencia se sumía más y más en aquella melodía, en aquella serenata, la Serenata a Nadia.

martes, 22 de enero de 2008

Aaaaaaaay la memoria....o la falta de ella

Siempre me pasa esto, tenía un millon de ideas sobre las cuales escribir e incluso pensaba hacer un reportaje especial sobre mi estadía en gringolandia relacionado con la política y varios otros asuntos misceláneos, pero se me olvidó sobre lo que iba a escribir. Fuck.

PD: Aunque debo decir que me dio otra idea sobre la cual escribir, aunque sea un artículo de...2 líneas y media -.- . Fuck x2.

sábado, 12 de enero de 2008

Macondeando por ahí

En un lugar de Chile cuyo nombre no quiero acordarme...bueno en realidad sí pero se me olvidó.
...
Ya bueno si me acuerdo pero lo voy a mantener en secreto porque me vino la onda enigmática.

En fin, en un lugar de Chile cuyo nombre no voy a divulgar, husmeando por ahí andaba buscando alguna entretención literaria, ya me había leído un par de ediciones antiguas del The Clinic pero quedé con gusto a poco.

De puro incauto me atreví a abrir un cajón.
Esa fue mi perdición.

Sacado un libro había,
forrado como mis cuadernos de antes
Y mientras leía
descubrí que era de García Márquez

Me obsesioné con 100 Años de Soledad, pensaba hojearlo un ratito pero Macondo con las invenciones locas de Melquíades y la pasión desmedida de José Arcadio Buendía me aspiró a una historia como pocas. Solo 3 libros han sido capaces de perturbar mi alma: Mi Planta deNaranja-Lima, Fatamorgana de Amor con Banda de Música y este libro, terminé de leerlo a eso de las 3 de la madrugada y descubrí que estaba angustiado, por la puta el libro bueno.

Y García Márquez es un conchatumadre, no sé como lo hace, el hueón mete sexo a cada rato y de las formas más sórdidas y descaradas, pero lo hace sonar romántico. Como la parte en donde estaba el personaje X con esta otra personaje Y y en vez de decir "ella sintió su erección punteándola por detrás" pone "y él la abrazó, ella se trato de apartar pero él la abrazo aún con más fuerza. Y entonces ella lo sintío".

Hueón seco, la cago. Nada de Shakepseare acá.

PD: soy un maldito poeta.